jueves, 22 de agosto de 2013

Detrás del juego


Por nuestros días el packaging de un futbolista cobra más relevancia que su contenido. Con el correr de la historia, la valentía, destreza, sentimiento, entrega y virtudes fueron quedando fuera de las canchas. Al mismo tiempo en el cual Diego Armando Maradona comenzaba su carrera se daba inicio a un fenómeno que parece no tener final. La televisión, las marcas, el capitalismo y el dinero, se llevaron por delante el espectáculo del deporte más practicado en Sudamérica.

Abalado por el desinterés de la Fédération Internationale de Football Association (FIFA), las marcas se tornaron dueñas de los jugadores. También a los clubes, la misma federación, fue transformando en empresas. La final de la Copa del Mundo del 2002, desarrollada en Corea del Sur-Japón, fue una revancha para Ronaldo. No para el portugués, Critiano Ronaldo, que hoy se peina antes de ejecutar un tiro libre porque usa “Clear”, sino para el brasileño que fue uno de los mejores goleadores de los últimos 20 años.

Cuatro primaveras antes de jugar en Asia, en Francia se había disputado la final de la Copa del Mundo. Ese trofeo se quedó en las vitrinas de la federación del país local. Los franceses le ganaron dicho certamen a Brasil por 3 a 0. En ese encuentro, Ronaldo, fue sólo la simple sombra de lo que era realmente. Al crack brasileño lo vestía Nike, como a toda la selección. Dicha empresa, capitalista y estadounidense, al parecer presionó para que el jugador estuviera en ese encuentro aunque no se encontraba en las mejores condiciones físicas. El hombre que facturaba millones de dólares por esos días, a pesar de que en su niñez no tenía dinero ni para el colectivo, sufrió una crisis nerviosa acompañada por violentas convulsiones horas antes del partido definitorio. Sin embargo, fue el 9 titular y pudo exhibir sus R-9, pero no dieron el mejor resultado.

Pero como se sabe en el 2002 tuvo su revancha. Le ganó la final a Alemania, en el primer partido que jugaban estos dos equipos en un mundial, por 2 a 0. Allí se dio el gusto de ser campeón junto a otros “R”: Ronaldinho, Rivaldo y Roberto Carlos. Ronaldo, con sus dos goles en ese partido, sumó la quinta copa para su país y al mismo tiempo empardó a la empresa Adidas, que desde el mundial de 1954 había levantado cinco veces la copa del mundo vistiendo selecciones. Hoy las dos empresas líderes del mercado mundial de deportes, visten a los dos mejores jugadores del mundo y a los dos equipos más poderosos de España y de Argentina.

Por Gastón Ezequiel Sosa.

jueves, 25 de julio de 2013

Atlético Mineiro campeón de la Copa Libertadores

Se divirtieron, rieron y jugaron lindo. Los brasileros se quedaron nuevamente con la Copa Libertadores. Esta vez le tocó al Atlético Mineiro que venció a Olimpia de Paraguay por penales (4-3). Fue en Belo Horizonte donde, bajo un marco imponente provocado por el público, el equipo capitaneado por Ronaldinho convirtió los dos goles que necesitaba para empardar la serie y llegar a los tiros desde los doce pasos. De esa manera obtuvieron por primera vez en su historia el preciado título.

El encuentro de vuelta se desarrolló como se preveía, con el equipo local que planteo un esquema ofensivo y con Jó (goleador de la Copa con 7 tantos) con el arco entre ceja y ceja. Olimpia había ganado 2 a 0 en la ida y los campeones salieron con todo para empatar la serie. El arquero del conjunto paraguayo, Martín Silva, defendió muy bien el arco mientras llovían centros de los brasileros. Fue de esa forma como a los 58 segundos, de la segunda etapa, Jó consiguió el descuento para Mineiro. Se dio mediante una pirueta luego de un centro que arrojó, sin mirar, el mediocampista Rosinei. En ese instante las ilusiones de las 58 mil almas, que coparon el estadio, se encendieron. Sólo faltaba el empate o quizás ganar para festejar por primera vez la obtención de la Copa Libertadores, en sus 105 años de vida.

La angustia no cesaba y la desesperación empezaba a ser el actor principal de los jugadores brasileros mientras el reloj se comía los segundos. Sin embargo, a falta de cuatro minutos para culminar el partido, con un cabezazo excelente, Leonardo Silva convirtió el gol del empate de la serie y enterró a todos los fantasmas que rodeaban el campo de juego. Era el 2 a 0 y el encuentro llegaba a su fin. Fue así como terminó todo y cada equipo se juntó para darse fuerza para los próximos 30 minutos que todavía había por jugar. Aunque los paraguayos, que ya pensaban en los penales, recién allí se enteraron de que había tiempo extra.

Se jugó, se sufrió y llegaron los tiros desde los doce pasos. Víctor, arquero del equipo local, se puso los guantes salvadores y contuvo el primer penal. La ventaja ya estaba del lado brasilero y todo culminó en el quinto tiro que ejecutó el argentino Matías Giménez para Olimpia. La pelota se estrelló en el vértice del arco y salió despedida hacia el centro de la cancha, como lo hizo Víctor para festejar junto a todos sus compañeros que rezaban por ganar la Copa. La alegría fue para Brasil y la Copa Libertadores se quedó por segunda vez consecutiva en aquel país. Mientras tanto el fútbol brasilero se nutre de futbolistas de primer nivel y disfrutan de la magia de Ronaldinho, que seguramente será el 10 de Mineiro en el Mundial de Clubes que jugarán junto al Bayer Munich a fin de año.
Por Gastón Ezequiel Sosa.

miércoles, 26 de junio de 2013

Sólo Ángeles Rawson sabe quién fue

Caminaba por la calle como cualquier otro día. Se dice que iba o que volvía del colegio. Algunos ni siquiera saben si llegó a algún lugar de los que por esos días era común que se la encontrara. Mientras transitaba por la calle, pocas cámaras, que luego fueron un herramienta más para la investigación, le seguían sus cortos pasos. Hasta ese momento su corazón, de apenas 16 años de vida, latía. Aquella adolescente era una chica más en la Argentina. El país no se conmocionaba al oír su nombre. Su vida, por lo que no se sabe, era normal y Ravignani 2360 no se había convertido en un lugar turístico para el morbo de los extranjeros.

Pasaron 16 días desde que encontraron muerta a Ángeles Rawson en el CEAMSE de José León Suárez, y la investigación sigue su rumbo. El encargado Jorge Mangeri, que algunos sospechan que sólo es el “perejil” del caso, continúa detenido. Dos vecinas lo acusan de acosador y ya la abogada del padre de la víctima, Franklin Rawson, va a citar a declarar a una de ellas. El padrastro, que fue indagado, por ahora sigue en libertad y la madre espera justicia. La vida de Ángeles fue detenida pero por ahora no hay ningún culpable y muchas dudas. Argentina reclama verdad y que esta vez haya responsables, que no pase lo mismo que sucedió con Candela.

Muchos especulan que detrás de esta muerte está el poder, el dinero e intereses. Los peritos dicen que no hubo abuso sexual. Sin embargo, el abogado del “portero”, Miguel Ángel Pierri dice: “Si hubo acoso sexual dejo el caso”. Entonces las contradicciones llegan, las hipótesis se instalan y la justicia sigue lenta como de costumbre. Allí la memoria empieza a recordar a Maximiliano Kosteki, Darío Santillan, José Luis Cabezas y los desaparecidos por la dictadura. En ese momento uno se pregunta si esta vez habrá condenados por muertos inocentes. Y ahí llega la esperanza de que se llegue hasta el final, los que tengan que pagar paguen y que no sólo sean los muertos los que sepan quién fue.


Por Gastón Ezequiel Sosa.

viernes, 17 de mayo de 2013

La muerte se llevó a Videla

Foto: Clarín.

Muchos argentinos se fueron a dormir y nunca más volvieron a ver a sus hijos, esposas, esposos, padres o amigos. Anoche él se fue a dormir y hoy murió sin decir una sola palabra de todo lo que hizo y además, tuvo la suerte de no ser secuestrado, torturado, desaparecido o tirado desde un avión al Río de la Plata. Cómo es posible que a nadie se le haya ocurrido, aunque hubiese sido un delito, hacerle pasar, al fallecido Jorge Rafael Videla, todo lo que sufrieron sus víctimas. Quizás porque en este país no hay personas tan malvadas como lo era él. Sólo Ricardo Alfonsín con aquel juicio a sólo dos años de asumir como presidente, y Néstor Kirchner en el instante en el cual le ordenó a Bendini que bajara el cuadro de ese asesino trajeado que todavía buscaba ser ejemplo en el Colegio Militar, lograron provocarle un poco de daño moral al genocida.
Luego de una descompensación que lo llevo a cerrar sus ojos para siempre, Videla murió dormido. Esos mismos ojos, que fueron los testigos de tanta crueldad y de tanta gloria deportiva manchada de sangre, se cerraron y ahora se abrirán en un “más allá”. Dios fue tan bueno con él que se lo llevo mientras descansaba no en paz. Al momento que encontraron su cuerpo, ya estaba sin vida y no había posibilidad de realizar ninguna reanimación. Su mirada que escondía miles de asesinatos, robos de bebes, torturas y demás, seguramente volverán a abrirse pero con otro panorama. Ya no estará más en su celda de Marcos Paz, el ámbito será ardiente y terrorífico, sin antes ser recibido por las más de 30.000 almas que sacó de la tierra con sus ordenes nefastas. Esas mismas almas seguramente lo sujetarán y lo tirarán hacia el infierno en donde la oscuridad y el miedo se apoderarán de su débil cuerpo. Después la eternidad decidirá. La justicia divina sabrá qué hacer con su ser, pero esta vez Videla no podrá pretender organizar un mundial de fútbol para tapar todo. En esta oportunidad no será el poderoso de turno y no tendrá en su poder órdenes perturbadoras y delictivas.
Argentina sigue su rumbo hacia un país cada día más democrático y con libertad de opinión y acción. Sin embargo, todo lo que se cuente de Videla, de ahora en más, será pequeño. Las nuevas generaciones no tendrán dimensión (ya no la tienen) de lo que provocó esta persona en la Argentina. Las historias plasmadas en libros y textos históricos no reflejarán en su totalidad las barbaries que consumó este hombre. Lo que sí quedará por siempre es un NUNCA MÁS y una rara sensación, porque ninguna muerte causa alegría, pero hay algunas que no entristecen.


Por Gastón Ezequiel Sosa.

martes, 14 de mayo de 2013

Un día para festejar por siempre

Ya de purretes comienzan a patear. No importa el objeto, sino el fin, que es concretar aquel gol que los consagra en cualquier patio, de alguna casa, de ese barrió perdido en un recóndito lugar del país. Esos futbolistas, que nacen con el don de hacer gritar goles por doquier, también tienen su día especial para festejar. Se da cada 14 de mayo, en honor a los dos goles convertidos por el jugador Ernesto Grillo, hace 60 años, frente a Inglaterra en el “Monumental”. Ese encuentro fue la primera victoria para la Selección Argentina (3-1)  sobre “los padres del fútbol”. Y aunque “El Pelado” había logrado dos conquistas, en la memoria de los casi 85.000 argentos que estuvieron presentes, sólo quedó el recuerdo del primer gol, que con un ángulo imposible para el disparo, concretó frente a la piadosa mirada del arquero inglés.

Grillo, el hombre que supo debutar en la primera de Independiente, ganar la liga italiana con el AC Milan en 1959 y salir tres veces campeón con Boca Juniors, nunca habrá imaginado que su golazo iba a generar la inmortalidad de un día tan especial para sus futuros colegas. Sin embargo así fue, y esos chicos que entrenan con lluvia, frio o calor, y llegan a la primera del fútbol argentino lo van a festejar de por vida gracias a él.

Porque para el verdadero futbolista la fama y el dinero no son nada sin que un estadio grite su nombre y ni tampoco un lujoso auto se compara a convertirle un gol a su eterno rival. Porque la alegría de Grillo no pasaba por lo material, por más que el ex Presidente Juan Domingo Perón le regaló un Mercedes Benz luego de ganar la Copa América en 1955. Su satisfacción pasaba por entrar a una cancha y que la gente gritara por él, se divirtiera y disfrutara de un triunfo en sus pies. Ernesto podría haber dejado la más valiosa herencia monetaria, aunque no fue así, lo mejor que dejó es que cada futbolista tenga su día y sea feliz por eso. Gracias Grillo, gracias fútbol, gracias nene. Nunca dejes de patear.

Por Gastón Ezequiel Sosa.